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Evangelio

Es nece­sario que el Hijo del Hom­bre sea entre­gado en manos de hom­bres pecadores, y que sea cru­ci­fi­cado, y resucite al ter­cer día.

Cristo fue des­ti­nado desde antes de la fun­dación del mundo para la reden­ción que es a través de su san­gre como un cordero sin man­cha y sin con­t­a­m­i­nación. Él se puso de man­i­fiesto en estos últi­mos tiem­pos y se ha declar­ado a nosotros: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

El pecado entró en el mundo y la muerte por el pecado. La muerte pasó a todos los hom­bres en cuanto todos pecaron, y la paga del pecado es la muerte, pese a que el Señor ha dicho: “De cierto morirás”.

Cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vues­tra vida? Cier­ta­mente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” San­ti­ago 4:14

Moisés escribió, “Los días de nues­tra edad son setenta años; Y si en los más robus­tos son ochenta años, Con todo, su for­t­aleza es moles­tia y tra­bajo, Porque pronto pasan, y volamos. ¿Quién conoce el poder de tu ira, Y tu indi­gnación según que debes ser temido? Enséñanos de tal modo a con­tar nue­stros días, Que traig­amos al corazón sabiduría.” Salmo 90:10–12

La muerte reinó desde Adán hasta Moisés y, además, la ley entró para que el delito podría abun­dan por el pecado es la trans­gre­sión de la ley.

Dios nos ha man­dado, “No matarás. No adul­ter­arás. No hur­tarás. No dirás falso tes­ti­mo­nio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos y todos los otros pal­abras de vida nue­stros padres reciben de Dios a dar a nosotros para que saber esas cosas que dan tes­ti­mo­nio de Cristo.

El pro­feta Isaías habló de Cristo y dijo que “en mag­nificar la ley y la hizo hon­or­able.” Jesús lo hizo cuando afirmó la ley (Mateo 5:17–19), y ele­vado el nivel de su apli­cación (Mateo 5: 22, 28, 37). Jesús mag­nificó la ley al declarar que cualquiera que se enoje con­tra su her­mano sin una causa estará en peli­gro de la sen­ten­cia, y cualquiera que mira a una mujer para cod­i­cia­rla adul­teró con ella en su corazón. Dios ha dicho que no dará por inocente al que tomare su nom­bre en vano y Jesús dijo que vamos a dar cuenta de toda pal­abra ociosa que hemos hablado.

Dios nos dio la ley para que el conocimiento del pecado, para detener todas las bocas de jus­ti­ficar el mismo, y para que cada hom­bre sabe que es cul­pa­ble ante Dios, por cuanto todos pecaron y están des­ti­tu­i­dos de la glo­ria de Dios.

Todo aquel que comete pecado es un siervo del pecado y el pecado reinó para muerte. La muerte y el infierno será lan­zado en el lago de fuego preparado para el dia­blo y sus ánge­les, y todo aquel que comete pecado es del diablo;porque el dia­blo peca desde el prin­ci­pio. Para los que descien­den a la perdi­ción sólo hay una hor­renda expectación de juicio, y her­vor de fuego que ha de devo­rar a los adversarios.

El infierno es con­de­nado al lago de fuego donde los adver­sar­ios de Dios per­du­rará para la eternidad:

La vergüenza y con­fusión per­petua” Daniel 12:2
“El llanto y el cru­jir de dientes” Mateo 24:51
“Cas­tigo eterno” Mateo 25:46
“Fuego inex­tin­guible” Lucas 3:17
“La indi­gnación y la ira, la tribu­lación y angus­tia” Romanos 2:8,9
“Eterna perdi­ción, exclu­i­dos de la pres­en­cia del Señor” 2 Tesa­loni­censes 1:9
“Fuego eterno … la oscuri­dad de las tinieblas para siem­pre” Judas 7,13
“El lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” Apoc­alip­sis 21:8

Apoc­alip­sis 14:10,11 nos dice la final, el des­tino eterno de aque­l­los a los que la ira de Dios per­manece: “y será ator­men­tado con fuego y azufre … El humo de su tor­mento subió por los sig­los de los sig­los y no tienen día de des­canso o de la noche. ”

La muerte y el infierno emi­tirá los muer­tos que están en ellos, y ellos serán juz­ga­dos cada uno según sus obras.Y la muerte y el infierno será lan­zado en el lago de fuego (Apoc­alip­sis 20:13–14).

La Pal­abra de Dios nos dice que “ha estable­cido un día en el que va a juz­gar al mundo con jus­ti­cia.” Podemos estar seguros “, que está estable­cido á los hom­bres que mueran una vez, y después de esto el juicio.” Jesús le pre­guntó este cuestión señaló: “¿Cómo habéis de escapar de la con­de­nación del infierno?”

Sus dis­cípu­los le pre­gun­taron, incluso en un punto: “¿Quién puede ser salvo?”

Pero Jesús los vio y les dijo: Para los hom­bres esto es imposi­ble, mas para Dios todo es posi­ble.” Jesús les rev­ela la buena noti­cia que vino a sal­var a los pecadores. Jesu­cristo ha venido en la carne.

Pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él. Dicho esto, les dijo después: Nue­stro amigo Lázaro duerme; mas voy para des­per­tarle. Dijeron entonces sus dis­cípu­los: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pen­saron que hablaba del reposar del sueño.” Juan 1:10–13

Cier­ta­mente llevó él nues­tras enfer­medades, y sufrió nue­stros dolores; y nosotros le tuvi­mos por azo­tado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nues­tras rebe­liones, molido por nue­stros peca­dos; el cas­tigo de nues­tra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros cura­dos. Todos nosotros nos descar­ri­amos como ove­jas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angus­ti­ado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue lle­vado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmude­ció, y no abrió su boca. Por cár­cel y por juicio fue quitado; y su gen­eración, ¿quién la con­tará? Porque fue cor­tado de la tierra de los vivientes, y por la rebe­lión de mi pueblo fue herido.” Isaías 53:4–8

Y habi­endo cumplido todas las cosas que de él esta­ban escritas, quitán­dolo del madero, lo pusieron en el sepul­cro. Mas Dios le lev­antó de los muer­tos.” Hechos 13:29–30

Porque con­venía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas sub­sis­ten, que habi­endo de lle­var muchos hijos a la glo­ria, per­fec­cionase por aflic­ciones al autor de la sal­vación de ellos. Porque el que san­tifica y los que son san­tifi­ca­dos, de uno son todos; por lo cual no se averg:uenza de lla­mar­los her­manos, diciendo: Anun­ciaré a mis her­manos tu nom­bre, En medio de la con­gre­gación te alabaré. Y otra vez: Yo con­fi­aré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Así que, por cuanto los hijos par­tic­i­paron de carne y san­gre, él tam­bién par­ticipó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el impe­rio de la muerte, esto es, al dia­blo, y librar a todos los que por el temor de la muerte esta­ban durante toda la vida suje­tos a servidum­bre.” Hebreos 2:10–15

El que prac­tica el pecado es del dia­blo; porque el dia­blo peca desde el prin­ci­pio. Para esto apare­ció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del dia­blo.” 1 Juan 3:8

Porque así como en Adán todos mueren, tam­bién en Cristo todos serán viv­i­fi­ca­dos. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las prim­i­cias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprim­ido todo dominio, toda autori­dad y poten­cia. Porque pre­ciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus ene­mi­gos debajo de sus pies. Y el postrer ene­migo que será destru­ido es la muerte. 1 Cor­in­tios 15:22–26

Porque de tal man­era amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16

Y esta es la vida eterna: que te conoz­can a ti, el único Dios ver­dadero, y a Jesu­cristo, a quien has envi­ado.” Juan 17:3

Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.” 1 Juan 2:25

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida.” Juan 6:47–48

Y este es el tes­ti­mo­nio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.” 1 Juan 5:11

Pero sabe­mos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para cono­cer al que es ver­dadero; y esta­mos en el ver­dadero, en su Hijo Jesu­cristo. Este es el ver­dadero Dios, y la vida eterna.” 1 Juan 5:20

Le dijo Jesús: Yo soy la res­ur­rec­ción y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eter­na­mente. ¿Crees esto?” Juan 11:25–26

He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! He aquí que Jesu­cristo ha venido en carne! He aquí la luz del mundo! y el que le sigue, no andará en tinieblas sino que ten­drá la luz de la vida.

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